вторник, 13 марта 2012 г.

Más Allá de lo Evidente

Ahora que la atm�sfera que levantara las ultimas elecciones se ha calmado es, quiz�s, conveniente mirar mas all� de lo evidente para comprender el por que de la victoria de Barack Obama.

Dejemos a un lado lo que todos sabemos: lo del colapso del mercado, la campa�a err�tica de McCain; que su Partido no lo respald� con todas sus fuerzas; qu� el americano quer�a probarle al mundo que no ten�a prejuicios raciales; que los dem�cratas se superorganizaron electoralmente; que Obama es un gran orador que usaba la belleza del idioma ingl�s para ocultar un mensaje vac�o, etc, etc.

Para comprender bien esta clase de resultados pol�ticos, hay que ir al esp�ritu de una naci�n. A esas corrientes que a pesar del paso de a�os, en este caso siglos, late profundamente en el coraz�n de la naci�n y se pasa de generaci�n en generaci�n.

Al respecto nos vamos a tomar la libertad de traer aqu� una interesante instant�nea o rayos equis que de la naci�n hace Jon Meacham en su interesant�simo estudio de Andrew Jackson, el s�ptimo presidente, de la Uni�n. Las siguientes l�neas no son una cita exacta sino una par�frasis, que la llevamos a cabo por carecer de espacio en un art�culo period�stico. Al retortero de por qu� Jackson gan� las elecciones de 1828, el autor hace un juicio que todav�a tiene mucha validez en el mundo pol�tico americano Veamos:

Una naci�n con un gran n�mero de votantes, 'que se encuentran esparcidos por un territorio de vastas dimensiones, depende para su informaci�n de una prensa que si bien debe permanecer neutral adopta, sin embargo, posiciones u opiniones en favor o en contra de los candidatos.

Las ideas, que van a ser transmitidas a este electorado tienen que ser expresadas cl aras y terminantes para los votantes cuya mayor parte del tiempo se tienen que ocupar en las actividades de su trabajo, de sus relaciones sociales y de la vida en general. Este votante tiene s�lo un tiempo muy limitado para prestarle atenci�n a la pol�tica, ya que su vida en general no depende de ella.

En una democracia la gente, por lo tanto, tiene que decidirse teniendo en cuenta el car�cter del candidato en conjunto con la impresi�n que le dan �l y su mensaje. Y despu�s de considerar estos dos mensajes viene lo de sentirse confortable y seguro con la idea de que el candidato por el que va a votar es una persona que una vez en la presidencia, si no lo hace bien, no habr�, sin embargo, de afectar mucho su vida privada.

As�, si el pueblo cree en un candidato, este pueblo estar� en disposici�n de otorgarle, una vez electo, el beneficio de la duda a sus errores. Programas y pol�ticas a llevar a cabo juegan s�lo un role que se conjuga con lo que decimos m�s arriba.

As�, un observador de las campa�as pol�ticas de la mitad del siglo diecinueve dec�a lo siguiente: "Los americanos est�n infinitamente m�s preocupados en votar por un candidato que lo que este proponga hacer por el programa o las ideas que ha propuesto durante la campa�a." La transacci�n espiritual que ocurre entre un posible presidente y el pueblo que va a votar es mucho m�s un asunto del coraz�n que de la mente. Las masas act�an pol�ticamente como lo hacen con una religi�n.

El lector, con estos interesant�simos cartabones pol�ticos, en la mano, que gobiernan el sentir del pueblo americano s�lo tiene que aplic�rselos a los dos candidatos de la elecci�n del pasado noviembre para comprender lo que ocurri� en las urnas. Y esto es ir m�s, mucho m�s all�, de lo evidente, o lo que Mart� sol�a decir, que en pol�tica lo real era lo que no se ve�a.

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